Sara Márquez Sánchez, Médico Especialista en Psiquiatría. Experta en Neuromodulación cerebral no invasiva.
Durante décadas, el abordaje de la depresión se ha apoyado fundamentalmente en dos pilares: psicoterapia y tratamiento farmacológico. Para muchas personas, esta combinación resulta eficaz. Pero no para todas.
Con el ritmo de vida acelerado que impone la sociedad actual y el aumento de problemas de salud mental, sobre todo ansiedad y depresión, es cada vez es más frecuente escuchar un relato que no encaja del todo en la idea clásica de depresión grave: personas que continúan con su vida, trabajan, cumplen con sus responsabilidades, pero sienten que algo no termina de arrancar. Falta de energía, apatía persistente, dificultad para disfrutar, sensación de bloqueo mental o un cansancio emocional que no desaparece, incluso cuando el tratamiento está bien pautado.
Es en este punto, cuando la mejoría es parcial o insuficiente, donde empieza a ganar protagonismo una disciplina que hasta hace poco parecía reservada a entornos muy especializados: la neuromodulación cerebral no invasiva.
¿Qué es exactamente la neuromodulación cerebral?
La neuromodulación cerebral no invasiva engloba un conjunto de técnicas médicas destinadas a modular la actividad de determinadas áreas del cerebro mediante estímulos externos suaves, sin cirugía ni procedimientos agresivos.
Una de las más utilizadas en el ámbito de la depresión es la estimulación transcraneal por corriente continua (tDCS). Esta consiste en aplicar corrientes de muy baja intensidad sobre zonas concretas del cuero cabelludo para influir en circuitos cerebrales implicados en el estado de ánimo, la motivación y la regulación emocional.
No se trata de “activar” o “desactivar” el cerebro, ni de modificar la personalidad. El objetivo es favorecer el funcionamiento de redes neuronales que, en la depresión, pueden estar poco activas o desreguladas.
“La neuromodulación no es una alternativa ‘light’ ni una solución rápida”, explica la psiquiatra Sara Márquez Sánchez, experta en estas técnicas. “Es una herramienta médica con base científica, especialmente útil en determinados cuadros depresivos cuando los tratamientos habituales no han sido suficientes.”
Depresión resistente: el principal escenario de uso
Las indicaciones están claras a día de hoy. La depresión es el principal motivo por el que estas técnicas se incorporan a un plan terapéutico, especialmente en casos de depresión resistente, respuesta parcial a antidepresivos, mala tolerancia a determinados fármacos o estancamiento clínico tras meses de un tratamiento correcto.
“No todo malestar emocional es candidato a neuromodulación”, subraya la Dra. Márquez. “Su valor está precisamente en usarla bien: seleccionar al paciente adecuado, integrarla en un plan global y hacer seguimiento.”
Aunque también se investiga su utilidad en síntomas asociados como insomnio, ansiedad o enlentecimiento cognitivo, la psiquiatra insiste en no perder el foco: no es una técnica genérica de bienestar, sino una intervención médica dirigida principalmente a la depresión.
¿Cuál es el perfil de la persona que recibe estos tratamientos?
Una parte significativa de las personas que preguntan por estas técnicas pertenece a un perfil muy concreto: mujeres en plena etapa de exigencia vital. Trabajo, familia, responsabilidades, presión por rendir y poco margen para el descanso.
Muchas no llegan a consulta en una situación de crisis extrema, pero sí con una sensación persistente de “no estar bien del todo”. Siguen funcionando, pero con un coste interno elevado.
“La depresión en mujeres adultas no siempre se presenta como tristeza intensa”, explica Sara Márquez. “A menudo adopta formas más silenciosas: apatía, agotamiento mental, dificultad para disfrutar o para desconectar. Y eso también merece atención clínica.”
En este contexto, la neuromodulación aparece como una opción intermedia: ni resignarse al malestar ni escalar indefinidamente tratamientos sin respuesta o con el elevado coste de los efectos secundarios.
Del hospital al domicilio: un modelo que exige más rigor, no menos
Tradicionalmente, estas técnicas se han aplicado en entornos hospitalarios. Sin embargo, en los últimos años se están desarrollando modelos de neuromodulación a domicilio con supervisión médica, óptima para algunos pacientes seleccionados.
En esta línea se sitúa NBrain, un proyecto clínico centrado en neuromodulación cerebral en casa bajo control profesional, impulsado por la Dra. Sara Márquez Sánchez junto al neurólogo Dr. Francisco Mira Berenguer.
“El hecho de que sea domiciliario no lo convierte en algo informal”, aclara la psiquiatra. “Al contrario: exige aún más control, trazabilidad del tratamiento y seguimiento clínico continuo.”
El objetivo de estos modelos no es sustituir la atención médica, sino acercar una intervención eficaz a pacientes para los que el desplazamiento o la frecuencia de sesiones puede ser una barrera, siempre bajo indicación y supervisión especializada.
Lo que conviene saber antes de idealizarla
El creciente interés social por la neuromodulación obliga también a poner límites claros: No todas las personas con depresión son candidatas. No sustituye a la psicoterapia ni a los fármacos cuando están indicados. No es una técnica de autoaplicación sin control y requiere evaluación médica previa y seguimiento.
“Hablar con responsabilidad de neuromodulación es evitar promesas irreales”, señala la Dra. Márquez. “Su valor no está en presentarla como solución universal, sino como una herramienta más dentro de la medicina.”
Una conversación que ya no es marginal
La neuromodulación cerebral no invasiva está dejando de ser un tema exclusivo de congresos médicos para entrar en la conversación social sobre salud mental. No como moda, sino como respuesta a una realidad clínica: la depresión no siempre mejora con los abordajes clásicos, y la medicina necesita alternativas bien fundamentadas.
Para muchas personas este enfoque supone un cambio de mirada: dejar de culpabilizarse por “no mejorar” y empezar a entender la depresión como un trastorno complejo, en el que el cerebro también puede necesitar una ayuda directa y específica.
La neuromodulación cebreral a domicilio ha llegado para quedarse y revolucionar los tratamientos convencionales en Salud Mental.

